El agua de mar como agente epigenético y nutriente celular en el tratamiento prenatal

El agua de mar como agente epigenético y nutriente celular en el tratamiento prenatal
13 agosto 11:28 2014 Imprimir este artículo

Cuando una mujer está embarazada, agentes externos como la alimentación, el estrés o la polución, pueden modificar el color de los ojos, el carácter o las enfermedades futuras de su bebé. Si ese feto, además, es una niña, esos agentes externos pueden influir en las generaciones futuras, gracias a la información genética. En eso consiste la epigenética. En nuestras manos está el modificar nuestros genes poniendo atención a esos agentes externos. En esta ocasión, hablamos con Francisco Javier Coll, director de los Laboratorios Quinton, quien asegura que “el agua de mar, con 78 elementos de la tabla periódica en perfecto equilibrio, es el mejor agente epigenético”.

Para comenzar a leer la cadena de ADN de un gen, nuestro cuerpo necesita zinc. Esa lectura desencadenará procesos tan básicos como la creación de pelo o piel. El zinc, para funcionar correctamente necesita a su vez cobre, pero no demasiado, sino en la cantidad adecuada. El cobre necesita a su vez fósforo y éste calcio. El calcio, magnesio, etc. Así, todos los elementos necesitan de otro, pero sólo el agua de mar te da todos y en la proporción adecuada, asegura Coll.

Por su parte, el doctor Antonio Hernández, especialista en nutrición y anti-envejecimiento, anima a alejarnos del victimismo: “no sólo somos lo que comemos, lo que pensamos y cómo generamos nuestras emociones, sino que somos también aquello que comieron nuestros abuelos, el aire que respiraron y cómo pensaron. Los impactos que se generaron a lo largo de la vida de nuestros ancestros han ido modulando su genética y se ha transmitido de generación en generación”. La epigenética, término acuñado por Conrad Waddington en 1942 significa, por tanto, “control sobre la genética”, afirma.

En el caso de los hombres, es justo antes de la pubertad el periodo en el que la epigenética tiene más relevancia. En el de las mujeres, es durante la formación de los ovarios, cuando están dentro del vientre de su madre. Coll recomienda, sin embargo, empezar a tomar agua de mar antes de la concepción, ya que el objetivo es nutrir correctamente las células y rectificar así la expresión genética.

Las células de nuestro cuerpo están flotando en un líquido extracelular y cuando necesitan algo, hacen vibrar su membrana. El Premio Nobel de Química en 2003 Rodrig Makinon demostró que en esa membrana hay unas proteínas llamadas canales iónicos, que actúan a modo de filtro. Los elementos de la tabla periódica, para poder pasar por esos canales hacia el núcleo de la célula y activar los genes, tienen que estar en forma iónica. El director de los laboratorios Quinton asegura que es en los vórtex donde realmente encontramos esos elementos en el agua de mar de forma biodisponible, es decir, con ese campo electromagnético específico para atravesar los canales iónicos. La biodisponibilidad es la parte del nutriente que el cuerpo digiere, absorbe y utiliza en sus funciones fisiológicas.

Los vórtices son grandes corrientes marinas donde hay una mayor concentración de fitoplancton y zooplancton. Estos microorganismos transforman los minerales inorgánicos en orgánicos gracias a la fotosíntesis, en un proceso denominado biocenosis, que el presidente de la Universidad Internacional del Mar, Maurice Aubert, estudió durante años. El líquido que el fitoplancton excreta en el mar está lleno de minerales biodisponibles. Es eso, concretamente, el plasma de Quinton, afirma Coll, quien asegura: “cuando decimos que en la orilla de una playa no puedes encontrar esos minerales es porque allí no hay fitoplancton”.

El medio interno en el que flotan nuestras células, añade, es exactamente igual al agua de mar de forma isotónica, con las mismas cantidades de iones y las mismas propiedades físico-químicas (pH, temperatura, oxígeno, etc.). Lo mismo ocurre con el líquido amniótico que envuelve a un feto.

El organismo humano, mediante la homeostasis, intenta mantener siempre las mismas características que rodean a nuestras células (concentración de calcio, de pH, de glucosa, etc.).  Por tanto, cuando regulamos nuestro medio extracelular aportando los 78 minerales que contiene el agua de mar, estamos empleándola como agente epigenético. Somos capaces de producir cambios en nuestro cuerpo, como la prevención de enfermedades, asegura Coll.

Por norma general, nos explica, la causa de una enfermedad es que un gen no está funcionando correctamente, es decir, que no se activa y, por tanto, no produce proteínas. Eso es fundamental, por ejemplo, en el sistema inmunológico. Asegura también que las enfermedades que había hace cien años son las mismas que las actuales, sólo que se han transformado. Hemos heredado tuberculosis o sífilis de nuestros ancestros, que pueden derivar en el asma o las alergias de hoy en día. Pero ahora la ciencia cada vez es más consciente de la importancia de la epigenética. Somos capaces de rectificar los procesos que durante años han transferido enfermedades de generación en generación a través de los genes.

El director de los laboratorios Quinton concluye: “no pretendemos curar todo con dos ampollas de agua de mar, pero sí destacar que nuestro producto permite nutrir las células correctamente y rectificar la expresión de nuestros genes. Seríamos incapaces de afirmar que ésto se puede hacer con cualquier agua de mar, porque toda la información de la que disponemos proviene de los análisis que hacemos al agua de mar que distribuimos y a las investigaciones de René Quinton.”

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